Título: Regalo de navidad.
Pareja: Albus x Gellert
Género: Rare(?), AU, intento de romance.
Nota: Es lo primero que escribo completo y que me atrevo a
publicar acerca del mundo de Harry Potter. Tengo muchísimos en mente,
historias de varios capítulos, pero no sé nada >u< También se que eso no se supone que es lo que ve Albus pero bleh, es mi historia xD
Regalo de navidad.
La navidad llegaba a El Valle de Godric, por ende a la casa
de Albus Dumbledore. Él nunca había celebrado felizmente esas fechas con su
familia, pero ahora era diferente, ahora tenía a Gellert a quien le encantaba
la navidad.
Como los Dumbledore no celebraban las navidades
ostentosamente, Albus no sabía que regalarle a su nuevo amigo, había pasado poco
tiempo desde que lo conocía y no tenía idea de que regalarle a alguien que
aparentemente lo tenía todo.
—Gellert—dijo un día el chico, tirado en el sofá—. ¿Qué te gustaría
para navidad?
—¿Por qué Albus? ¿No sabes que regalarme?
—No.
—Sencillo, unos calcetines de lana.
—¿Qué?
—Sí. He visto que a muchas personas les regalan calcetines tejidos por
ellos mismos, y siempre he deseado que alguien haga algo con amor para mí. Me
gustaría algo hecho por ti, con amor—. Confesó con un pequeño sonrojo.
—Oh.
—Oh, dios. He estado tan cursi—Se recriminó el rubio, escondiendo la
cara entre sus rodillas—. Olvida lo que he dicho Albus.
Albus solo sonrió.
—Claro.
La mañana de navidad llegó más pronto de lo que Albus
esperaba, y alegre corrió a la chimenea y llamó a su amigo. El chico llegó
pronto a su casa cargando el regalo de Albus y cada quien abrió el suyo.
Dumbledore pudo ver con alegría como los ojos de Gellert se
aguaban.
Gellert levantó sus calcetines tejidos junto a una hermosa
pulsera negra con adornos dorados. Cuya compañera estaba en la muñeca de Albus.
El mayor lo miró nervioso.
—¡Oh, muchas gracias Albus! —gritó el joven al terminar de leer la
carta que completaba el regalo, yéndose encima de Dumbledore.
Albus sonrió alegre y se apresuró a abrir su propio regalo.
Lo que encontró lo dejó sin aliento. Dentro de la diminuta caja había un collar
de oro con un hermoso dije con un tigre, la forma animaga que tomaba Gellert.
Abrazó con fuerza a su amigo, quien sonrojado le dio un beso en la mejilla.
Albus sonrió con ganas.
Poco tiempo después las cosas cambiaron, Aberforth le
recriminaba a Albus su falta de atención a con su familia por pasar días
enteros con “ese demonio Grindelwald”. Mientras
este último le decía que no le hiciera caso a su hermano, que las cosas no eran
así y que él estaba grande para poder cuidar a Ariana solo. Pero Albus no era
tonto, a pesar de que sentía un gran aprecio —que aún se negaba a llamar amor—
por Gellert, se daba cuenta que a este no le agradaban sus hermanos, mucho
menos Aberforth.
Sin embargo, era egoísta y quería tener algo suyo por
primera vez. Quería desocuparse de sus hermanos. Quería pasar tiempo con el
rubio. Quería que Gellert fuera suyo. Pero nunca lo fue.
Una pelea con Aberforth fue todo lo que bastó para que su
familia se disolviera, y el chico a quien amó intensamente se fuera.
Con la hermana más amada muerta, Aberforth se marchó. Y
Albus se quedó solo.
Pasó el tiempo hasta que volvió a ver a Gellert, a quien a
pesar de haber vencido, se negó a matar. Porque le quería, aun después de tanto
tiempo, seguía amándole.
“—Señor… profesor Dumbledore… ¿Puedo preguntarle
algo?
—Es
evidente que ya lo has hecho—sonrió Dumbledore—. Sin embargo, puedes hacerme
una pregunta más.
—¿Qué es lo
que ve, cuando se mira en el espejo?
—¿Yo? Me
veo sosteniendo un par de gruesos calcetines de lana.”
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